¿CÓMO ATREVESAR EL DUELO QUE TE ATRAVIESA?

Séneca dijo una vez: “Todas tus tristezas serán desaprovechadas, si aún no has aprendido cómo estar hecho trizas”.

Ya sea que se pierdan moléculas, sentimientos, amores, seres o la propia salud… el dolor por ello llega siempre de una forma incontrolable, inesperada e imparable; siempre inconveniente. Ya que como dijo John Didion “El dolor de la pérdida, cuando viene no es nada parecido a lo que esperábamos”

Cuando el dolor de la pérdida llega, te desarma, siempre desde dentro, deshace tu ser por muy ordenado que lo creas. Ante cualquier pérdida, del tipo que sea, se va el AMOR, por tu ser querido, padre, madre, hermano, amante… por tu salud, por tu juventud.

…Y si te abandonas; si dejas sin agradecer todo ese amor, pierdes una parte de lo que éste te hizo experimentar alguna vez. Una parte que dependiendo del tamaño del amor perdido, puede a veces llevarse la totalidad de lo que eres, y dejarte sintiéndote solo, y a veces incluso sintiéndote nada.

Desde la CALMA puedes descubrir la magnitud real del amor que piensas ahora perdido; te hará comprender la cantidad de AMOR que aún perdura en ti, gracias a todo lo que te dieron. Descubrirás el ¿Para qué? Del que te dejó, que alimentará el tuyo propio, porque eres CONTINUIDAD de aquello, de aquel que tan solo cambio de lugar.

En todo este proceso, en el que la palabra PÉRDIDA es la reina, también saldrás ganando. Desde sus brasas ardientes emergen las cenizas de la humildad, la avivas cada vez que respiras. En la pérdida puedes entablar una relación sincera contigo mismo, descubriendo, emergiendo y saliendo reforzado.

Investiga desde la ternura del corazón, con claridad mental. Percibe, desde la “Toma de Conciencia” lo que realmente era para ti aquello que perdiste.

Cuando sientes la pérdida, y te duele, es algo más grande que tú. Pero no desesperes ante el dolor, porque es temporal, tiene su propia hoja de ruta, en la que tú eres participante pero no tienes voz para decidir nada; solo estás para aceptar, comprender y sentir. Solo en la aceptación ese dolor va cambiando.

Al principio tendrá su propio poder y vendrá cuando venga, cuando quiera, sin avisar; te talla y te pone a prueba a cualquier hora, sin tener en cuenta si estás sola o acompañado. Se presentará en medio de una reunión, mientras nadas en la piscina, disfrutas de una película o de tus amigos, o se meterá en tus sueños… Cuando llega excava, te arrastra y te deja allí dentro y abajo. Llega como un trueno, tras el relámpago, de golpe y con fuerza tremenda, no podemos dejar de sentirlo sin sufrir, y ahí estamos aguantando hasta que desaparece. Entonces igual que llegó, se va, hasta que reaparece y poco a poco, día a día, ira notándose menos. Es así, y si te resistes, sólo es herirte a ti mismo.

El “Dolor de la Pérdida” es una experiencia de cuerpo entero, que físicamente se deja sentir. Hay algo que te atraviesa, o que se queda clavado en tu corazón, algo que es más grande que tú y que no puedes controlar. La gente te sigue preguntando ¿Cómo estás? Y tu no sabes muy bien cómo contestar… Depende del día, del minuto, te paras, observas y mirándoles a los ojos les dices “AHORA estoy bien, mañana quién sabe…”

Lo he observado y he aprendido que… viene a su propio ritmo, sin obedecer a planes ni a deseos… como el amor. Así que escucha: La mejor manera de gestionarlo será como gestionas el amor, sólo rindiéndote a su poder con humildad y compasión. Cuando llega el dolor es igual que un Tsunami, y solo te deja tiempo para darte cuenta de que está ahí… y entonces notas como te sacude fuerte y hace que dobles las rodillas.

Después de muchos días así, los primeros de ellos resistiéndote al dolor, hiriéndote como una cuchilla corta la piel; decides quitar la barrera  y eliminar la resistencia y dejas, en ese momento, el momento exacto, que llegue, aunque te haga llorar y en ocasiones te lleve al fondo… Desde ahí es más efectivo el impulso hacia arriba. Entonces salta y no pares.

El dolor dice: ”Se ha ido y no conocerás a nadie igual” y dices: ”Lo sé, es cierto”

El dolor dice: ”Se ha ido y no volverá más” y dices: ”Es cierto y lo acepto”

El dolor dice: ”Se ha ido y no volverás a escuchar esa risa” y dices: ”Lo sé y lo acepto”

…Y entre lágrimas te dices: “Lo sé, Lo acepto, Estoy dispuesta…”

Esta es la vida, aceptar todo aquello que llega y a veces sientes que es más grande que tú y te pierde… y ¿Sabes qué? Casi todo es más grande que tú. Así que acepta que también este duelo, que te hace parar y descubrirte, también esto que te ha llevado a abrirte y sentir, esto también es parte del que lo ha provocado.

Simplemente se compasivo contigo y muestra toda la gratitud que puedas a la vida, a tu duelo, a tu amor perdido. Practica esta meditación de la Compasión.

 

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